La imprenta de lo virtual

El Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, responsable de la manguera extensible y de este estudio que pretende abordar cómo las TIC, sobre todo a partir de la dinámica de las redes sociales, están construyendo unas formas inéditas de identificación y de interacción. Las fórmulas para contactar, para comunicarse, para reconocerse, para «estar ahí», para expresar ideas y emociones, para diferenciar lo personal de lo social, para constituir la propia autonomía, para salvaguardar la privacidad; todo está cambiando, no ya en su instrumentación o en sus dinámicas operativas sino, mucho más profundamente, en el sentido auténtico, en lo que se podría llamar la fenomenología de los elementos.

Tantas veces se escucha la expresión «nativos digitales» para referirse a adolescentes y jóvenes que han crecido en pleno auge de las tecnologías de la información y la comunicación, y a quienes, por ello, se presupone una capacidad para desenvolverse de forma natural y fácil con esas tecnologías, y tantas otras se interpreta que lo «joven» es prácticamente indisoluble de lo tecnológico, como lo es de «lo último» y «lo moderno» (frente a «lo antiguo»), que en ocasiones se pierde de vista que esos mismos jóvenes también experimentan complejos procesos de aprendizaje y socialización en torno a esas TIC. Una necesidad de alfabetización digital sobre códigos cambiantes, que articula elementos que oscilan entre la dependencia y el reconocimiento, y en torno a la cual se establece una auténtica educación sentimental.

Procesos de maduración en el uso de las redes sociales y las nuevas tecnologías, que además son asumidos como esenciales por sus propios protagonistas. Desde lógicas que aparentemente surgen del entorno laboral y formativo (hay que saber desenvolverse tecnológicamente para no quedarse fuera de la carrera competitiva, y hay que saber gestionar un yo laboral en torno a las redes sociales y las TIC), pero que inundan todos los aspectos de la vida: la mejor gestión del yo, el mejor aprovechamiento de las oportunidades, los mejores procesos de socialización, pasan por la adecuada integración con las nuevas tecnologías.

Tal idea sobrevuela el imaginario colectivo, y a partir de la misma debemos ser conscientes de la manera en que sus implicaciones se ponen en juego en las relaciones que entablan los y las jóvenes, con los pares y con la sociedad en su conjunto. En primer lugar, porque el reconocimiento general de las nuevas tecnologías y las redes sociales como el lugar en el que hay que estar, procura nuevos procesos de integración y exclusión entre adolescentes y jóvenes. Por un lado porque quien no esté ni use redes sociales quedará abocado al olvido de un grupo de pares que se autogestiona y organiza a partir de las posibilidades y facilidades que ofrece la tecnología.

Por otro lado, porque los propios usuarios y usuarias articulan de tal forma sus relaciones, sus estrategias de comunicación y sus rutinas en torno a las redes sociales, que la temporal ausencia (se estropea el ordenador o el móvil, o simplemente te lo olvidas en casa) provoca lo que se llega a sentir como verdadera «incomunicación», desde el momento en el que se asume que el grupo y los pares siguen comunicándose y relacionándose, y uno queda fuera de todas las cosas que pueden pasar o están pasando.

Además, estar eventualmente fuera acentuará la ausencia del otro, de los amigos y demás relaciones, siempre presentes gracias a las redes sociales. En segundo lugar, porque esas lógicas de la mejor gestión del yo empapan casi todos los aspectos de su vida alrededor de las nuevas tecnologías. Asi, no estar integrado en las redes sociales, incluso no estarlo en tiempo real, se interpreta como perder oportunidades, no aprovechar las posibilidades que te brinda el desarrollo tecnológico que deñne el tiempo presente, y que no sólo te hace la vida más cómoda y práctica, sino que en sí mismo determina buena parte del sentido de las relaciones personales (estar fuera de las redes sociales como estar fuera de tu tiempo, por tanto).

Lógica que, en última instancia, acepta que hay que estar «por si acaso», y que a partir de esa misma idea justifica, por ejemplo, los procesos de acumulación de contactos, aún a sabiendas de que buena parte de esos contactos «agregados» nunca o casi nunca serán «usados», o incluso corresponden a personas que apenas se conocen o con las cuales es complicado establecer un nexo de unión personal. A partir de la asunción de que la tecnología te hace la vida más fácil y te abre nuevos horizontes, adolescentes y jóvenes asumen con naturalidad el hecho de aprovechar las oportunidades que ofrecen las redes sociales para mostrar una parte de uno mismo que facilita algunos procesos de la comunicación y las relaciones, y además permite a personas más tímidas o inseguras participar del juego: elimina la vergüenza, democratiza el flirteo, permite la transmisión reflexionada y orientada de mensajes, posibilita establecer relaciones en las que es posible mantener cierto «control» de la comunicación, etc.

A partir de la naturalización de la presencia de las redes sociales en los procesos y estrategias de relación y comunicación entre jóvenes (y no tan jóvenes), los y las usuarios/as habituales asumen, de manera explícita e implícita, estar participando de un juego (relevante a la postre, pero generalmente observado desde el entretenimiento y la diversión) en el que todo participante es conocedor de las reglas, los pros y los contras. Es decir, que pese a que nadie niega que aprovecharse y disfrutar de las ventajas de las TICs plantea algunas contrapartidas no tan beneficiosas, el clima general entre jóvenes usuarios y usuarias descansa en la percepción de «controlar» la situación, precisamente porque desde el principio creen ser conscientes de las contrapartidas… y aceptan participar porque les compensa.

La imprenta de lo virtual

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