Ella es una bailarina

Había una vez una pequeña muy intranquiliza. En la escuela incordiaba, charlaba, retrasaba a sus compañeros. La profesora llamó a sus progenitores y les pidió llevarla a un especialista que advirtiera y tratase su complejidad.

El profesional escuchó atentamente el relato de la madre y después le dijo: “Necesito dialogar a solas con . Pidámosle a la pequeña que espere en la habitación contigua”. Encendió la radio a fin de que la música acompañe a la pequeña a lo largo de la espera, dejó la puerta entreabierta y le afirmó a la madre: “Ahora observe.” La pequeña, sola en la habitación, empezó a danzar y hacer zapatetas. Entonces el médico le dijo: “Su hija no tiene ningún inconveniente. Ella es una bailarina. Inscríbala en una escuela de danza”.

El desenlace fue la exitosísima carrera de Gillian Lynne, coreógrafa de musicales tan conocidos como “Cats” o bien “El espectro de la ópera”. Podríamos decir entonces que esta historia, es una historia con final feliz. La educación dio sus frutos. Mas no todas y cada una lo son. Poco a poco más personas recorren su existencia sin descubrir su vocación y viven sumidas en un estado de sofocación, desesperación y vacío interior. Para confirmarlo, basta con mirar unos pocos minutos las noticias y sus escenas de violencia, hurtos, corrupción, adicciones; sin estimar la cantidad de pequeños y adolescentes que son diagnosticados con depresión o bien déficit atencional y son medicados para “tapar” los síntomas.

Obviamente hay un porcentaje de estos casos que corresponden a personas portadoras de alguna psicopatología, mas en muchos de ellos sencillamente se trata de que las personas no pudieron regular sus conductas y hacerse responsables de su bienestar. Podríamos decir que “falló la educación” si la definimos como un proceso de socialización y endoculturización, a través de el que las nuevas generaciones asimilan y aprenden los conocimientos, reglas de conducta, modos de ser y formas de ver el planeta de las precedentes y crean unos nuevos que dejen un desarrollo positivo y exponencial de la humanidad.

1 La educación acostumbra a categorizarse como formal, cuando es dada por una corporación (escuela, instituto, liceo, universidad, etcétera) y también informal cuando se recibe en los campos sociales que van desde la familia hasta los diferentes géneros de conjuntos, cursos, academias, que no se rigen por un particular currículo de estudios. Conforme Platón, la educación es un proceso que deja al hombre tomar conciencia de la existencia de una realidad plena de la que procede y a la que se dirige. Paulo Freire apunta que el humano educado ha de estar dispuesto para mirar con sentido crítico la realidad y tener capacidad de elección sobre si lo que ocurre es bueno o bien malo para su desarrollo integral. Asimismo podemos refererir a Erich Fromm, quien comprende que educación es asistir al pequeño a llevar a la realidad lo mejor de él. Asimismo se llama educación al desenlace del proceso, que se materializa en la serie de habilidades, conocimientos, actitudes y valores adquiridos, generando cambios de carácter social, intelectual, sensible, etc.

2 El desenlace de la educación es, entre otras muchas cosas, la capacidad de regularnos y eso es lo que nos aparta y diferencia a los humanos del resto de los animales: no actuar basándonos en los instintos, sino más bien basándonos en resoluciones pensadas y razonadas. Un elevado número de profesionales, entre aquéllos que se hallan los autores de este material, coincide en que una de las razones por las cuales falla el día de hoy la educación es por el hecho de que la mayor parte de los progenitores, en el deseo de que sus hijos “sean felices” procura evitarles cualquier clase de frustración. Como acostumbramos a confundir dicha con placer, procuramos “darles todo” con el objetivo de cumplir ese cometido. Mas eso no es enseñar. Instruir es poner límites y es un reto diario. El que piensa lo opuesto, es por el hecho de que todavía no tuvo hijos. Enseñar empieza por casa, y después prosigue en la escuela.

La escuela es un enorme sitio de socialización y aprendizaje, mas los progenitores somos los primeros adultos significativos, modelos de conducta social y cariñosa. Naturalmente es esencial que exista congruencia entre estos campos. Si como progenitores no estamos conforme con las pautas del instituto o bien escuela, es mejor seleccionar otro, por el hecho de que al igual que es deplorable para los hijos un alegato contradictorio entre los progenitores, lo es un alegato contradictorio entre la escuela y el hogar.

Desde este punto de vista podemos decir que instruir a nuestros hijos requiere una sociedad entre los progenitores y la escuela. Debemos seleccionar un sitio que refleje los valores que deseamos inculcar a nuestros pequeños y ha de ser un sitio con el que estemos orgullosos de hacer sociedad. Si sentimos hostilidad por las filosofías o bien las personas en la escuela, nuestros hijos responderán de igual manera. Mas volvamos al hogar. Supuestamente el inconveniente actual se da pues la mayor parte de los progenitores sienten que el modelo con el que fueron educados no es conveniente mas no tienen herramientas para desarrollar otro. Desean hacerlo bien, mas manifiestan que no saben de qué forma. Y el desenlace es que sus hijos se pelean, no hacen caso, son rebeldes y es usual oír en los consultorios sicológicos oraciones como “me supera” o bien “no sé qué hacer con él”. El Lic. P. Rossi, Presidente de la Fundación Manantiales, en “Conductas Tóxicas: Drogas y Nuevas Adicciones” explica que ya antes los pequeños eran tomados como adultos pequeños y se ignoraban sus necesidades; “se los sometía a castigos físicos, se ignoraba la relevancia de la comunicación y los efectos en su desarrollo.

Con las nuevas ciencias esto ha alterado, mas en muchas ocasiones en este fluctuar que todavía no halla su punto medio, llegamos al polo opuesto. Hallamos progenitores exageradamente permisivos, que confunden amor con dejar hacer al hijo lo que desee, sin la conciencia de que los límites, de conformidad con la edad y necesidad de los hijos, sirven para protegerlos”. Podríamos decir que nuestra temporada nos propón el reto de preservar nuestros valores tradicionales al tiempo que debemos amoldarnos a los cambios incesantes. Rossi asevera que un pequeño que solo conoció el sí ante sus caprichos, al medrar se hallará con un medio que no está presto a hacer concesiones y cada NO que reciba le provocará una ansiedad inmejorable que precisará aliviar inmediatamente con algún sustituto: la adicción. Por tanto el día de hoy habitualmente un descalabro no está en el rol nutritivo sino más bien en el normativo. Apreciar a los hijos no es suficiente. Esta publicación pone por consiguiente el acento en de qué manera ejercer el rol de progenitores guiando, poniendo límites, robusteciendo la autoestima, considerando los cambios tecnológicos y los síntomas que presenta la niñez actual, para conseguir que cada pequeño se transforme en un adulto capaz de hacerse cargo de su vida y su bienestar.

Para esto un reto que debemos enfrentar es el de la cultura dominante que pone el acento en valores como el éxito veloz, la relevancia de la imagen y la eficacia de tal modo que “es frecuente que las necesidades lícitas de los hijos como cariño, entendimiento, juegos compartidos y límites, sean olvidadas por sus progenitores preocupados por cuidar su imagen ocho y mantenerse en un planeta enormemente competitivo, tal y como si no les quedase resto para enseñar y entregar sostén sensible a sus hijos”.

3 Por su lado, L. Gutman, directiva del Instituto Crianza de Argentina, mienta otra complejidad con que nos encaramos los progenitores en el momento de educar: nuestras faltas, nuestro desamparo. Ya antes contábamos con una sociedad entera para criar a los chicos. El día de hoy los progenitores están muy solos y experimentan miedo y desorientación. La era industrial trajo como consecuencia un lento mas progresivo aflojamiento de los nudos comunitarios y la imagen del artesano o bien campesino que trabajaba en casa o bien compartía las labores rurales con miembros de su familia fue mudando por la del empleado o bien mercader que llega a su hogar rendido después de muchas horas de trabajo sin tiempo ni ganas de charlar con sus familiares. A esto se sumó el ingreso de la mujer al mercado laboral, que el día de hoy dispone de menos tiempo y energía para ejercer una función de forma tradicional femenina.

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